En ese momento, estalló la tribuna olímpica del estadio Centenario, convertido para la ocasión en un gran anfiteatro.
Así comenzó un nuevo acto del carnaval ricotero, esta vez para participar de la presentación del décimo disco de la banda, "Momo Sampler", un álbum con influencia del carnaval uruguayo. El show abrió con una canción del disco La Mosca y la sopa, de 1991, "El pibe de los astilleros".
Carlos "El Indio" Solari, la voz de los Redondos, vestía pantalón negro y campera de cuero con capucha. Al terminar el segundo tema -"Un ángel para tu soledad", del disco "Lobo suelto, cordero atado"-, Solari dijo: "Sería bueno que hoy no seamos ni visitantes ni locales, que seamos todos Redondos. Este es un pueblo muy hospitalario, lo conozco bien. Tiremos todos para el mismo lado".
Enfrente, "El Indio" tenía una nueva postal de la pasión ricotera. Acaso una sola bandera daba cuenta del fervor de una hinchada que no fue doblegada por el frío (a la mañana llegó a hacer 8 grados). "El pogo más grande del mundo", rezaba la bandera, que repetía la última frase dicha por "El Indio" en el último recital, realizado en el estadio de River en abril del año pasado. Ahora esa frase pasó a estar incorporada a la escenografía popular de los recitales de la banda con más poder de convocatoria de la Argentina.
Los integrantes de la banda -El Indio, la manager Poli y el guitarrista Skay, los más conocidos- fueron arribando entre el miércoles y el jueves. Se alojaron en una casa en la zona de Carrasco.
Los fans llegaron más sobre la hora. Hasta el viernes, Montevideo mantenía la misma calma que siempre la hace atractiva. Recién el sábado por la noche la avenida 18 de Julio empezó a dar signos precisos de lo que los medios uruguayos definieron como "el aluvión ricotero". Hacia la tarde del sábado unos 16 micros cubrieron el trayecto entre Colonia y Montevideo con unos 2.500 fans. Anoche, a la hora del show -con entradas agotadas-, se calculaba que había unos 6.000 argentinos.
Pero este aluvión no tuvo, finalmente, nada de violento. Sólo hubo algunos desórdenes menores e intentos de ingresar sin entrada. La policía local detuvo a 52 argentinos por tenencia de droga, armas cortantes o alcohol en las inmediaciones del estadio. Los detenidos deberán declarar hoy ante el juez.
La visita argentina no se sintió en la industria hotelera local. Aun quienes llegaron en avión -los menos, claro- enfilaban directamente hacia las inmediaciones del parque Batlle, frente al Centenario.
Ayer, ese parque amaneció con el césped cubierto de carpas e iglúes, todo enmarcado por los "trapos" (banderas) alusivos al grupo. Uno de los que acamparon fue Walter (27), quien cruzó en lancha hasta Carmelo y, de allí, en micro a Montevideo. Como todos, lo hizo para estar cerca del estadio cuando abrieran la puerta, y así conseguir buena ubicación.
Pero luego la policía fue pidiendo, de buen modo y grupo a grupo, que levantaran las carpas, lo que se hizo sin incidentes. Se puede decir que la relación entre la policía y los fans se desarrolló normalmente. Aunque el operativo de seguridad se fue incrementando conforme pasaban las horas. Para ayer el ministro del Interior Guillermo Stirling dispuso la presencia de 600 efectivos policiales -incluyendo Grupos de Apoyo, Guardia de Coraceros y Brigada Nacional Antidrogas-, a los que se sumaron otros 200 de seguridad privada dentro del estadio.
A la hora del ingreso, en el Centenario se notaba la tensión de los policías locales por el recital de rock. Los que ingresaban tuvieron que acceder a un triple cacheo de armas. También fue cordial la relación entre los fans argentinos y uruguayos. Unos y otros compartían un ritual futbolero. En la cancha se cantó "Aquí están, los ricoteros de Argentina y Uruguay".
Así se llegó a la hora del show en un ambiente de relativa tranquilidad. A las 19.15 ya había tocado La Tribu Mandril, un quinteto de percusión alternativa: golpean instrumentos como cepillos de dientes y botellas descartables. Después vino el excelente show de los Redondos, con temas de todas las épocas ("Mi perro dinamita", "Vamos las bandas").
Después vino el segundo con un grupo candombero llamado Zevelé como soporte, para que explicar todo de nuevo...
Un show homogéneo y contundente
Entraron y salieron tres veces del escenario en una de esas van tan parecidas a las que se usan en las excursiones. Entre las ocho y las diez de la noche del domingo montevideano, entonces, la van fue y vino cubriendo la distancia entre la tribuna América (donde instalaron el backstage) y la Olímpica (donde estaba el escenario) del estadio Centenario. Cada vez, bajaban de a uno y llegaban al escenario por un tablón improvisado como rampa. Estaban ahí, a 20 metros de su propia épica -reflejada en 40.000 fans argentinos y uruguayos repartidos en dos funciones- y cuando aparecieron enfundados en esos conjuntos de excursión a la montaña parecían expedicionarios.
En Montevideo, Los Redondos hicieron una excursión a su propia leyenda. Claro que la excursión fue mutua y desde ya más trabajosa para los fans que vinieron aquí a ver a un grupo de rock que está rozando su Everest. No porque Momo sampler, el álbum que tocaron íntegro en Uruguay, sea su mejor esfuerzo en 16 años de discografía, sino porque en el abrazo a la prótesis tecnológica que el grupo lleva al escenario hoy alcanzan una coherencia estética que aplasta por su contundencia. Hay en ese tecno rock pesado, narcótico y dantesco, una interpretación estética de la complejidad del fenómeno que provocan.
Aún cuando bordean un mastodonte sonoro, el nuevo repertorio pisa con la gravedad de Gengis Khan y, bajo esta banda de sonido, Los Redondos alumbran con mayor potencia todo claroscuro. Se cruzan los "trapos" fútboleros con la elegancia oriental y el paso sigiloso del Indio Solari.
En tres momentos, los excursionistas de uno y otro bando hicieron una conexión conmovedora. Sheriff, el mejor tema del nuevo álbum, provocó un espontáneo minuto de silencio. El grupo usufructuó aquí casualidades de la escenografía natural: la torre del estadio que parece salida de la imaginación de Fritz Lang, el humo negro que escupía el Hospital de Clínicas y un avión que voló sobre el campo y se cruzó increíblemente con una banda de pájaros nocturnos.
Juguetes perdidos fue dedicada por Solari a la memoria de Walter Bulacio (en la prueba de sonido le había confiado con reservas a Clarín esta decisión). "Hace 10 años y los asesinos siguen sueltos. Está el cariño genuino de la abuelita y los amigos", dijo sobre la muerte del fan redondo. Es casi ocioso intentar reproducir la carga con la que el grupo tocó este tema. Y no fue, tal vez, la dedicatoria en palabras lo más significativo, sino los quejidos de la guitarra de Skay. Que casi nunca habla. Pero toca.
Y luego, claro, Ji Ji Ji, la festiva canción con la que el grupo aprendió a cerrar sus conciertos. El pasaje de la estrofa al estribillo, esos veinte segundos en los que se anuncia una avalancha, tenía el domingo consistencia meteorológica.Hacen falta muchos años para que una montaña así crezca. Y ahí estaba, Solari asomando su calva por la van una vez más, para tomar la última polaroid de su excursión.
Los Temas
Los temas fueron casi los mismos en ambos recitales, la única diferencia fue que empezaron con "Queso Ruso" y en lugar de "¡Estás Frito Angelito!" tocaron "Las Increíbles Andanzas del Capitán Buscapina en Cybersiberia". También varió un poco el órden.
El pibe de los astilleros
Un Ángel para tu soledad
Morta.com
¡Estás frito Angelito!
Templo de Momo
Pensando como una acelga
Rato molhado
Vamos las Bandas
Mi perro dinamita
Ñam Fri Frufi Fali Fru
La Murga de los Renegados
Sheriff
Murga purga
Dr. Saturno
La Murga de la Virgencita
Queso Ruso
Preso en mi ciudad
Tarea fina
Juguetes Perdidos
Nuestro amo juega al esclavo
Nueva Roma
Ji Ji Ji
Un traslado en cuatro camiones
Conocidos por tener todos los aspectos de sus shows bajo control, los Redondos viajaron a Uruguay con todo el equipamiento necesario para el recital.
Los equipos de sonido, las luces y las tarimas del escenario cruzaron el miércoles el río Uruguay por el puente Fray Bentos a bordo de cuatro camiones.
Desde el show que Los Olimareños dieron en 1984, el público no volvió a pisar el césped del histórico estadio. Sin embargo, los Redonditos de Ricota dejaron de lado la posibilidad de utilizar una cobertura plástica para el césped del estadio, lo que les hubiera permitido hacer recitales aún más multitudinarios. No lo hicieron porque hubieran necesitado otros doce camiones para transportarlos. Algo demasiado caro en estos tiempos, sin duda.
Por eso no se utilizó la capacidad total del estadio. El escenario fue ubicado de frente a la tribuna olímpica. Con esa decisión, se acortó notablemente la distancia que suele haber entre el público más alejado del escenario y los músicos, algo que se suele padecer en los grandes estadios.
Con la disposición que se utilizó anoche, no fue necesario instalar pantallas gigantes. Incluso se montó un escenario de poca profundidad. Las 21.000 personas que llenaron la tribuna olímpica escucharon de muy cerca el sonido que salía de dos torres de 18 metros de alto, ubicadas a uno y otro lado del escenario.
Entre las novedades con respecto a los recitales anteriores también sobresalió el minimalismo escénico. La reconocida gráfica del artista Rocambole, autor también del diseño de los discos de los Redondos, estuvo esta vez ausente. En Montevideo utilizaron solamente dos telones, uno blanco y otro negro.
El recital de anoche significó un enorme salto con respecto a los tres que había dado en Uruguay. En el último, que la banda ofreció en el Palacio Peñarol de Montevideo en 1989, no llegaron a vender todas las localidades.
Estadio de leyenda
El Centenario es un estadio de leyenda. El primer Campeonato Mundial de fútbol se jugó allí en 1930. El Chango Cárdenas hizo el histórico gol ante Celtic con el que en 1967 Racing se consagró campeón de la Intercontinental en esa cancha. Estudiantes de La Plata en 1970, Independiente en 1973 y Boca en 1977 dieron la vuelta con la Copa Libertadores de América en alto. Por su trascendencia, la FIFA lo declaró Monumento Histórico del Fútbol Mundial.
La banda que empezó tocando en un sótano y tiene reglamento propio
"Violencia es mentir"
Tal vez esta frase sea la más emblemática y la que mejor representa a Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, una banda que empezó a sonar en plena dictadura militar en pequeños pubs porque ya eran muchos amigos y no entraban en las casas.
Los encuentros, allá por el 76, eran fiestas donde se mezclaba el rock con performances, delirios teatrales, bailes, payasos, mimos y se repartían los famosos buñuelitos de ricota entre el público.
Los personajes centrales del grupo se conocieron en un sótano de La Plata. Carlos Solari (más conocido como el Indio) pintaba y escribía poemas. Skay Beilinson siempre andaba con su guitarra a cuestas. El hermano de Skay un día le mostró los poemas del Indio y el guitarrista supo que sólo les faltaba ponerle música para que fueran canciones. La mujer de Skay, Carmen Castro (más conocida como La Negra Poly), fue la que terminó de conformar el grupo como manager y alma mater.
Durante casi diez años los Redondos deambularon como banda nómade por pubs y sótanos de La Plata y la Capital. La gente se enteraba de las actuaciones boca a boca y deliraba con temas como "Maldición va a ser un día hermoso" o "Mejor no hablar de ciertas cosas". Su primer disco, "Gulp", lo grabaron en 1984 con el dinero que habían juntado de un pozo común formado por un porcentaje de las ganancias de cada show. Lito Vitale fue el operador y músico invitado. La distribución la hicieron ellos mismos. Con esto remarcaron su voluntad de independencia.
A partir de 1985 y con el lanzamiento del disco, el artesanal sistema del boca en boca que los había transformado en grupo de culto empezó a crecer de tal manera que los pubs ya no alcanzaron para albergar a sus seguidores, que ya llamaban "misas" a sus recitales. Entonces empezaron a actuar en estadios cerrados como Obras y discotecas como Palladium y Cemento.
El público era tanto que el Indio rebautizó a sus fans como "bandas". Ya habían editado su segundo álbum, "Oktubre", que terminó de lanzarlos a la popularidad. Tenían su propio reglamento: tocaban siempre solos, de noche, no promocionaban sus shows y nada de aparecer en TV.
Después de editar "Un baión para el ojo idiota", en 1988, hasta Obras Sanitarias les empezó a quedar chico. La muerte de Walter Bulacio en abril de 1991 -el fan detenido en la cola de un concierto en Obras- conmocionó al grupo. La violencia y los choques con la Policía reaparecieron en 1994 en los conciertos en el estadio de Huracán y la banda no tocó más en la Capital por mucho tiempo.
Retornaron a su época nómade. El primer concierto lo dieron en San Carlos, Santa Fe. Las "bandas" empezaron a seguirlos por el interior, copando cada ciudad donde tocaban. Después el rito se extendió en Concordia, Mar del Plata, Tandil, Santa Fe y Villa María.
Las huestes ricoteras son heterogéneas: van desde los "chicos bien" hasta los villeros, que aprecian por igual las letras de las canciones de Solari que cuentan historias "border" con expresiones típicas de las tribus urbanas.
Así como tienen el sello de banda independiente, también lo tienen de banda peligrosa y en más de un lugar no quisieron recibirlos, como en Arroyo Seco y en Olavarría. A fines del 98 comenzó el retorno y llenaron dos veces la cancha de Racing. El año pasado fue el turno de estadio de River y también la vuelta de la violencia.
HUBO 100 DETENIDOS, VEHICULOS DESTROZADOS Y POLICIAS HERIDOS
Incidentes durante el segundo recital de Los Redondos en Montevideo
El recital que dieron anoche los Redondos en Montevideo tuvo un prólogo violento: hubo cerca de 100 detenidos, varios vehículos destrozados y tres agentes heridos tras un enfrentamiento entre fans de la banda y la Policía.
Los incidentes se produjeron en el parque y en el barrio residencial que rodea al estadio Centenario, cuando varios seguidores del grupo de Patricio Rey intentaron ingresar sin entradas. Como la Policía no les permitió pasar el vallado de seguridad dispuesto a 200 metros del estadio, los fanas reaccionaron y comenzaron a arrojar piedras y botellas. Según testigos, algunos de los revoltosos estaban alcoholizados y drogados. La Policía habría reprimido con balas de goma.
Sobre la avenida Italia, que pasa al lado del Centenario y conduce al Aeropuerto, los exaltados provocaron serios destrozos. Una camioneta particular fue incendiada, otros dos vehículos fueron volcados y un ómnibus apedreado terminó con sus vidrios rotos. Además, otra docena de autos que fue blanco de los proyectiles también sufrió rotura de vidrios.
Según fuentes policiales, la mayoría de los detenidos son de nacionalidad uruguaya. Aunque también hay gran cantidad de argentinos y un venezolano.
Todos los detenidos fueron alojados en dos comisarías y hoy deberán declarar ante un juez, que luego decidirá su suerte. En tanto las 143 personas que habían sido detenidas durante el concierto del domingo recuperaron la libertad tras declarar ante la Justicia, a excepción de una pareja de argentinos. Los jóvenes, de 23 y 25 años, fueron detenidos tras agredir a la cajera de un almacén cercano al estadio y robar unos 200 pesos. Ambos quedaron a disposición de la Justicia Penal.
Según informó la Policía, el concierto del domingo dejó un saldo de 17 personas heridas. Tres de los heridos (dos argentinos y un uruguayo) sufrieron fracturas en piernas y brazos tras caerse de las tribunas en donde presenciaban el espectáculo.
En el operativo de seguridad participaron unos 600 policías con grupos de apoyo antimotines y también otros 200 agentes de seguridad privada que fueron contratados especialmente por los organizadores del evento.
Para las autoridades locales, los dos recitales que ofrecieron Los Redonditos de Ricota fueron considerados "de alto riesgo", al mismo nivel que un partido de fútbol a estadio lleno y con grupos violentos.
Se calcula que unos 7.000 argentinos se movilizaron hacia Montevideo desde distintas ciudades para presenciar a la banda en vivo en el Centenario.
Luego de los incidentes, los Redondos brindaron su segundo concierto sin mayores inconvenientes ante unas 23.000 personas. Tampoco hubo nuevos hechos de violencia durante la desconcentración.
Los Redondos tienen una larga tradición de presentaciones en lugares alejados de la ciudad de Buenos Aires para tratar de evitar los inconvenientes que sus seguidores suelen tener con la Policía.
En ese contexto eligieron el estadio Centenario para presentar su último disco "Momo Sampler".
ANTECEDENTES
Una historia de recitales con disturbios
"¿Vos creés que los chicos nacen malos?", le preguntó el Indio Solari a un periodista poco antes de dar un recital en Mar del Plata buscando una explicación a la violencia que los sigue a sus recitales.
La relación entre los Redonditos y la falta de seguridad empezó en abril de 1991 con la detención policial de Walter Bulacio en la puerta del estadio de Obras Sanitarias, que terminó con la muerte del chico por los golpes que recibió.
A partir de esa tragedia, la banda decidió no volver a tocar en Obras y se mudó a la cancha de Huracán. Pero cuando en 1994 durante un show 28 personas resultaron heridas y hubo 60 detenidos, decidieron abandonar la Capital.
Ya habían tenido problemas en mayo del 92, cuando un grupo de jóvenes intentó ingresar en el microestadio de Lanús. Los incidentes se repitieron en noviembre de ese año y tuvieron que suspender una serie de diez recitales en un local de Rivadavia y Boedo.
En octubre de 1995 hubo 40 detenidos en un recital en Mar del Plata y en junio de 1996 se cancelaron los conciertos en Arroyo Seco (Santa Fe) por falta de seguridad. El temor por los disturbios llevó al radical Helio Eseverri, intendente de Olavarría, asustado por cientos de colectivos, combis y autos repletos de jóvenes que invadieron la ciudad, a cancelar por decreto en 1997 los recitales de los Redondos.
"Que se lastime alguno de ustedes no vale ningún recital de rock and roll", dijo el Indio antes de empezar el recital de Villa María, Córdoba, en mayo de 1998. En esa oportunidad, cerca de 300 jóvenes quisieron ingresar sin entradas y se enfrentaron con la Policía. Los incidentes terminaron con 30 heridos y 20 detenidos.
En general, los disturbios se daban cuando las huestes ricoteras intentaban pasar sin entrada y por la fuerza, pero en marzo del año pasado en el recital que dieron ante 60 mil personas en el estadio de River, el Indio Solari gritó indignado: "Vamos a continuar con el espectáculo por respeto a los que vinieron de lejos, pero hay un par de hijos de puta que están lastimando gente".
Después de seis años de no tocar en la Capital Federal, los incidentes ocurrieron dentro y fuera del estadio. En la mitad del campo hubo dos heridos y once detenidos. En los alrededores del Monumental chocaron fans con policías: hubo 35 heridos, cuatro por balas de goma, y 25 detenidos por robo, disturbios y tenencia de droga.
EL INDIO DESPUÉS DE URUGUAY
Fuente: Fernando García para el Suplemento "Sí" del diario Clarín (24 de Abril de 2001)
Composición de lugar. Bajo la tribuna América del estadio Centenario, el Indio está solo y espera por esta entrevista en la intimidad fantasmal de un vestuario mítico. Hay una botella de whisky importado improvisada como centro de mesa y el cantante está sentado en uno de eso largos bancos donde desde 1930 los jugadores suelen ajustarse los cordones. Hay un espejo enorme en el que se refleja la figura de Solari que, ahora, luce como un expedicionario polar (una campera blanca de frío realza el perfil) que curiosamente prescinde del hielo para cuidar su garganta antes de la prueba de sonido. Solari viajó a Montevideo el jueves, junto a su mujer y su bebé Bruno en primera clase de Buquebús. "Yo al avión le tengo claustrofobia"; -arranca con el primer sorbo-, "no me gusta esa historia de no poder decidir interrumpir la cosa. ¿Qué le voy a decir al piloto? ¿Dame un paracaídas que me bajo acá? Entonces decidí venir en Buquebús, pero un día que no viniera nadie. Pero, bueno, no puedo evitar que el capitán del Juan Patricio, o no sé cómo como se llama el barco, me invite a la cabina de mando. Y es un embole, pero no le puedo decir que no";. Mientras llegan ecos de la guitarra de Skay, Solari asume que lo mejor de un show es el momento en que se ha terminado. "Toda la etapa previa la vivo con mucha ansiedad... Siempre está el baterista que se engripa o se borran los sonidos de los teclados. Ese tipo de sufrimiento se arrastra hasta que se termina";.
¿Y dentro de esas preocupaciones previas, cómo juega el factor de convocar al público del grupo desde otro país, donde muchos llegan sin un peso y, bueno, todos terminan quedando expuestos?
Bueno, yo sostengo la politica del guerrero: esperar lo mejor, pero prepararse para lo peor. Son cosas ante las cuales uno elige tener una actitud un poco cool. Porque yo no tengo dominio sobre miles y miles de personas. Eso es una especie de demencia, ¿no?
¿Qué cosa?
Quiero decir que la gente está pendiente de Los Redondos, porque sintoniza con ellos. A partir de ahí, no hay nada que gobierne eso. Yo no puedo saber quiénes son todas las personas que nos vienen a escuchar. Sí tenía una militancia cuando eran cien. Pero ahora sé que viene de todo y, bueno, uno está siempre esperando y pidiendo a la providencia que te ayude, pero qué sé yo.
Hay cierta resignación en eso...
Mirá, por formación y edad, a mí me cuesta entender la agresión como ariete sin ningún norte. Creo que esta es una cosa producto de este tiempo Yo siempre prefiero que si algunos chicos tienen una actitud belicosa sea para algo: los escraches, por ejemplo. Ya el resto de las cosas tienen que ver con que si vos estás criando un monstruo al que le has negado cultura y educación, un buen día ese monstruo se te aparece y explota por cualquier motivo.
¿Y el grupo, dónde aparece en ese esquema?
Más allá de la resonancia que cada uno encuentre con la actitud de la banda -o con la lírica, que en eso estoy metido fundamentalmente-, no encuentro ninguna vocación violenta porque sí, aunque pases los discos al revés. A través de eso, no lo vinculo con la emanación de la banda de ninguna manera.
Pero no vas a negar que simbolizan algo...
Sí, tal vez persista esa idea de reservorio libertario, algo que puede de alguna manera abarcar todas las quejas de los chicos, algunos de los cuales pasan por circunstancias bastante difíciles. Está muy feo para ser adolescente hoy, muy feo.
Imaginate que nosotros queríamos presentar este disco en River y teníamos el okey de la comisión directiva y todo, pero se ve que, en estas circunstancias, la burocracia no está muy veloz para aceptar que haya sesenta mil pibes sueltos por la calle. Así que ahora pusimos el grito de que queremos tocar en setiembre, para que se tomen su tiempo.
O sea que lo de Montevideo fue casi una salida exigida.
Bueno, las cosas siempre son una conjunción. Se dio esto que te digo y también que yo tengo un cariño muy especial por la gente de Montevideo.
¿Cómo desarrollaste ese cariño?
Bueno, casualmente la primera vez que estuve fue en 1971, medio rajando de allá.Y terminé detenido en 33 Orientales en un retén. Yo estaba haciendo un viaje en el que pretendía llegar a Manaos y de ahí ir a Dakar. Iba con una chica uruguaya que se había escapado del padre, pero el tipo era un jerarca del partido comunista, curiosamente, y nos agarraron en Río Branco.
Hay una continuidad de fuga, alguna vez deslizaste que cuando salís venís a ver cine a Montevideo...
Sí, porque acá pasa que si te cruzan en la calle, de movida piensan "no puede ser que esté acá";. Siempre son tres días hasta que se corre la bola y con eso alcanza para ponerme al día con el cine.
¿Te planteaste vivir acá?
Sí, pero cuando sea viejito. He pensado varias veces en irme a Nueva York, porque me da la posibilidad de vivir la vida urbana que a mí me enloquece. Y ahora no puedo. No sé si viviría todo el año, pero sí la mitad.
¿El hecho de tener un hijo te ha pautado cosas en tu carrera?
Mirá, yo lo único que voy a decir al respecto es que estoy muy feliz, y que he descubierto en mí un tipo de ternura que desconocía. No voy a profundizar al respecto, yo sé los costos que tienen esas cosas y no quiero involucrar a mi compañera ni a mi hijo en esto. Si voy a hacer canciones para Bruno, se las voy a hacer a él. No he hecho canciones para Walter Bulacio ni nada de ese tipo, porque no coincido mucho con el homenaje expuesto de un artista exitoso. Prefiero el cariño real, que es un abrazo del recuerdo.
El viernes hubo una marcha por los diez años del asesinato de Walter Bulacio. ¿Qué te pasó por la cabeza?
Los sentimientos son encontrados. Uno, inevitablemente, tiene la inercia de las primeras marchas, donde contra todo lo que se ha descripto más de una vez hemos estado presentes.
¿Pero vos no fuiste, o sí?
No. Yo no fui porque soy un poco la estampita del grupo, pero los chicos fueron a testear y lo que pasaba en esas primeras marchas eran cosas que no tenían mucho que ver con nuestra manera de hacer las cosas.
A Skay le pedían autógrafos... Yo creo que hay un lugar del dolor que no se comprende. Salvo en el caso de la abuela, que en algún momento, me gustaría, en fin... Son cosas muy delicadas, es jodido estar en el medio de esto.
¿Te gustaría hablar con la abuela?
Los dolores de ese tipo son inabarcables. A mí me llegan permanentemente cartas de dolores profundísimos que pretenden que uno se coma el dolor, y todas las veces que lo he intentado, dejo de tener actitud para comerme el dolor de los que están cerca. Termino comiéndome el dolor de alguien que no conozco o conozco a través de una carta. Para mí es imposible atender el cariño de miles, no tendría vida para vivir.
¿La abuela de Walter Bulacio ha tratado de llegar a vos?
No, que yo sepa no. En algún momento creo que los padres de él lo han tenido claro y se han abierto de toda esta corte de abogadillos que hay. No quiero desacreditar el trabajo de nadie, pero sí puedo decir que en el caso nuestro no obraron bien. Lo que querían era mojarnos la oreja para que saliéramos para involucrarnos en una estrategia que tal vez no era la mejor.
¿Y cuál fue la actitud del grupo, nunca pensaste en poner gente de confianza para buscar un esclarecimiento?
Bueno, nosotros hemos metido la cuchara en muchos asuntos con gente que tuvo problemas en un recital nuestro y creo que corresponde al beneficiado en esa circunstancia decirlo y no a uno.
Y con respecto a este caso, se ha vuelto muy difícil hacer algo en el punto en el que la justicia se mueve, a través de esa cosa terrible que son las pruebas. Y las pruebas las generan aquellos que son los primeros que tienen acceso a la intimidad del crimen. Acá lo único que hay es lo que Walter le dijo al padre Y eso hace difícil la tarea de poner a este señor Espósito (por el policía involucrado en la muerte de Bulacio) en el lugar donde tendría que estar. Bueno, ya sabemos lo que es la impunidad con respecto a la policía y quizás estos ni siquiera sean los peores tiempos. Mirá lo que te estoy diciendo.